martes, 6 de noviembre de 2007

La Cárcel de Jabón

Dícese del adolescente que se encuentra temporalmente encerrado en una burbuja. Pues bien, véanme aquí, tratando de buscar oxígeno en mis axilas porque ya no queda mucho en el ambiente. Resulta ser que tengo 18 años y no he ocupado el carnet, ni siquiera para comprar cigarrillos (contextualizo: fumo a menudo), ni para satisfacer mi hambre de exudar ritmos en una pista de baile. Creo que este año sólo me servirá para decir presente en el día de la PSU. Esto me tiene bastante decepcionada, puesto que sigo pensando como una pendeja agrandada que revolotea por su casa, tropezando con facsímiles que mi mamá se ha encargado de dejar a la vista para recordarme lo poco que queda para dar la PSU, cagadera estudiantil que nos define el futuro (si "ése" fuera su objetivo realmente, soy escéptica ante la burocracia).

El asunto es que estoy deprimida. He tratado de clamar por ayuda, pero no tengo teléfono. Busco consejo, pero aún así me siento presionada, aunque tenga la certeza de que me irá bien en la prueba y que quedaré en la universidad que quiero. Mi único consuelo ha sido posar mi humanidad en los brazos de mi pololo para descansar y sentir una libertad no experimentada antes. Una libertad tan bella y joven, que si me dicen que el joven carretea, este amor es el único carrete que conozco. Y no lo es.

Para minimizar mis temores, he recurrido a la música y a los naipes, como método para concentrarme y pensar más fluidamente. De hecho, tengo la costumbre de hablar sola (escritora seré, pero no tengo diario de vida, y no quiero someter a mi mamá a una verborrea desagradable) mientras juego Carta Blanca o Solitario Spider. Cuando estoy muy nerviosa y no doy más, juego Pacman o algún otro juego del emulador de Atari o Super Nintendo. A veces me da por tocar guitarra, pero sólo me salen acordes feos y desganados, o un vacío mental de querer poner en canción todas mis exageradas frustraciones, que sólo terminan en una hoja de cuaderno suelta. El otro día, cuando ocurrió un hecho que repercutió en mi verbo corazón, decidí escribir una bonita canción. Pero mi inspiración se redujo a una hoja en blanco esperando que posara mi mano con el lápiz...

Lo que representa la espera en un papel... ¿Cómo será en mi caso? ¿O en el del lector que se atreva a derramar su ocio leyendo líneas curvas?

Se vienen momentos difíciles, como siempre le escribí a mi pololo en su agenda en esas mil dedicatorias. Mi burbuja se agita considerablemente y una mancha negra invade el techo, tapando el sol que amo con todo mi ser. La burbuja se pudre y queda muy poco tiempo para reventarla y estallar junto con los miles de pájaros que me harán volar hacia una nueva vida.

Espero que esa vida sea la universitaria que más ansío... que yo ansío.

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