viernes, 25 de abril de 2008

Nunca digas nunca

No. Sencillamente no. Me canso, lo admito. No me es fácil todo esto. Si pudiera al menos sentir aquel calor espontáneo que siempre me acompañaba en los peores momentos. Todo se hace difícil, pero mi espíritu heroico puede más. Estoy segura. Después de todo, ¿qué es lo peor que puede pasar?
El invierno definitivamente me desanima. A punta de cafés que me trituran el colon, Saussure me tiene hasta la corona con sus teorías, Mounin y su fonética francesa que con cueva cacho, filosofando hasta el extremo... Entonces recuerdo que estoy haciendo lo que más me gusta. Pero cuando me esconden el sol, me pregunto con insistencia que qué es lo que hago en esta vida. Me pregunto qué chucha voy a hacer con mi vida. Y mi alma comienza a elevarse, mi vida etérea, mi vida tan adolescente, tan alocada, tan liberal, tan llena de alcantarillas blancas y deliciosas, alcantarillas dulces, alcantarillas tristes...
Pretendía, hace unas semanas, conquistar al mundo. Pero el mundo es un triste enredo de marihuancias políticas, corrupción con mantequilla (¿o pan con mantequilla?), culos bombásticos, tetas que yo quisiera tener...
Me acompaña un cielo nublado. Mis amados amigos ven la octava temporada de Los Simpsons. Me muero de frío, pero no importa. Estoy descargando el efecto de dos capuchinos vainilla cream. Estoy en trance, con el vértigo en las orejas que me provocó el vaivén de la micro de mierda con un flaite a la cabeza. Me está bajando la nostalgia. Estoy jodida.
Se supone que debería escribir algo menos autoreferente. Pero no, de nuevo escribiendo sobre mis sentimientos. Me estoy cortando las venas con el tecleo acelerado de mi picoteo de uñas negras. Las manos se me congelan. Me pica la garganta. Aún tengo el sabor del Lucky Strike. "Un golpe de suerte", ¿no creen?
Aquellas calles que más amo y que me traen la niñez me observan, escuchan el ronroneo gris de los vehículos. Tengo sueño. Extraño a mi novio. Ayer nos vimos, pero lo extraño ahora más que nunca y menos que después...
El otoño no es mío. Nunca me perteneció.
Pame...
Nunca digas nunca.
Una vez dije nunca y me cagaron de onda...

miércoles, 19 de marzo de 2008

Híbrido Feminoide (o "Mi vida en la U").

Hace mil años que no escribía en este blog, pero en vista y considerando de que prácticamente escribo en secreto, no me motiva mucho "verborrear" en línea. Ya entré a la universidad y el tiempo es arena en mis manos, como corea Cerati en sus canciones.

He descubierto dos cosas: que no me arrepiento de haber dado el salto olímpico vocacional y aterrizar en Periodismo, y también que tengo una mentalidad de lo que llamaré a partir de hoy "híbrido feminoide". Porque estoy enamorándome de mi carrera y porque mi mentalidad abierta me ha salvado la vida (no tan literalmente), ya que salir de un colegio que más parecía casita que establecimiento educacional (al cual sigo amando con todo mi ser) todo se reducía a un mundo de 500 personitas de 5 a 19 años, más los profes. En otras palabras, salté desde la pequeñez absoluta al mar Pacífico de Juan Gómez Millas, dando mis primeros pasos en el ICEI.

Lo otro es mi mirada de 350 grados (para los 360 necesito experiencia). Por fin encuentro un lugar donde puedo observar a mis anchas, compartir lo no compartido, recuperar mi juventud de vieja chica y soñar a mi manera. Por fin siento que la política no es más que un sencillo instrumento que nos sirve para construir un mundo mejor, y no para inflar bolsillos parlamentarios ni discutir como en las telenovelas (lo siento, actores, el melodrama nos tiene los ojos hinchados y las grasas saturadísimas. En Chile todo se exagera, lamentablemente). Así que no me vengan con el cuento de que el escándalo de las subvenciones es por culpa del Gobierno. ¿Se acuerdan de lo que protestábamos hace 2 años, si es que no más? La LOCE es LOSER ¬¬. Y así sucesivamente reclamaremos nuestro derecho a ser felices.

Así es mi vida en la U. A veces conversando en los pastos, otras veces hablando con mis nuevos amigos (si leen esta lesera que escribo, es muy corto el tiempo para empezar a quererlos, pero es inevitable. Mil besos ^^), en los pasillos cada mañana esperando las clases... Seguiré flotando como palomita invisible (las palomas son odiadas, así que hay que esconderse) o mi caparazón de ostra seguirá abriéndose hasta que el brillo de su perla ilumine más que el sol.

[Ya estaré escribiendo sobre la realidad. Me cabrié de ser autorreferente.]