No. Sencillamente no. Me canso, lo admito. No me es fácil todo esto. Si pudiera al menos sentir aquel calor espontáneo que siempre me acompañaba en los peores momentos. Todo se hace difícil, pero mi espíritu heroico puede más. Estoy segura. Después de todo, ¿qué es lo peor que puede pasar?
El invierno definitivamente me desanima. A punta de cafés que me trituran el colon, Saussure me tiene hasta la corona con sus teorías, Mounin y su fonética francesa que con cueva cacho, filosofando hasta el extremo... Entonces recuerdo que estoy haciendo lo que más me gusta. Pero cuando me esconden el sol, me pregunto con insistencia que qué es lo que hago en esta vida. Me pregunto qué chucha voy a hacer con mi vida. Y mi alma comienza a elevarse, mi vida etérea, mi vida tan adolescente, tan alocada, tan liberal, tan llena de alcantarillas blancas y deliciosas, alcantarillas dulces, alcantarillas tristes...
Pretendía, hace unas semanas, conquistar al mundo. Pero el mundo es un triste enredo de marihuancias políticas, corrupción con mantequilla (¿o pan con mantequilla?), culos bombásticos, tetas que yo quisiera tener...
Me acompaña un cielo nublado. Mis amados amigos ven la octava temporada de Los Simpsons. Me muero de frío, pero no importa. Estoy descargando el efecto de dos capuchinos vainilla cream. Estoy en trance, con el vértigo en las orejas que me provocó el vaivén de la micro de mierda con un flaite a la cabeza. Me está bajando la nostalgia. Estoy jodida.
Se supone que debería escribir algo menos autoreferente. Pero no, de nuevo escribiendo sobre mis sentimientos. Me estoy cortando las venas con el tecleo acelerado de mi picoteo de uñas negras. Las manos se me congelan. Me pica la garganta. Aún tengo el sabor del Lucky Strike. "Un golpe de suerte", ¿no creen?
Aquellas calles que más amo y que me traen la niñez me observan, escuchan el ronroneo gris de los vehículos. Tengo sueño. Extraño a mi novio. Ayer nos vimos, pero lo extraño ahora más que nunca y menos que después...
El otoño no es mío. Nunca me perteneció.
Pame...
Nunca digas nunca.
Una vez dije nunca y me cagaron de onda...
viernes, 25 de abril de 2008
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