domingo, 9 de diciembre de 2007

Un paso adelante (voladas dominicales ^^).

Aquí estoy, en la casa de mi pololo, escuchando un partido del Inter versus el Torino, mientras él cocina cazuela y carne al horno y yo echo a volar mi imaginación. Son las dos con dieciocho minutos. Hace una semana exactamente creía que estaba bien preparada para dar la PSU sin necesidad de tropezar en el camino y recordando las instrucciones de mis profes de San Preu. Ha pasado una semana y, sinceramente, siento como si caminara por la cuerda floja.

Me he planteado la posibilidad de trabajar en Enero. Verán: todo estaba "casi" listo para ir a Escuela de Verano de Psicología en la Chile. Y si no fuera por el "casi", estaría becada y feliz caminando por los patios de Gómez Millas y yéndome en la misma micro que me servía para ir a San Preu. Hasta que llegó la crisis antes dicha... No me dieron la beca, mi vocación sucumbió y ahora no tengo nada que hacer durante la mitad del verano. En otras palabras, tendré que hacer mejor empleo de mi tiempo.

Tengo un título técnico y las ganas de estar en cualquier parte, menos en mi casa. Porque para estar en mi casa hay que pegarse un tiro y solicitar a San Pedro que, en lugar de bajar directamente al infierno, tocar el 016 y la campana verde.

Así que, mientras mi pololo me regalonea con un masaje, trato de pensar en qué trabajaré. Si haré empleo de mis dedos sedientos de letras, o simplemente vencer mi ostracismo autoinferido y servir de vendedora (o toyera, o posera, o nada).

[Cada vez que escribo en este blog no sé por qué me siento mucho mejor...].

Hay olor a comida rica. A lo mejor eso me inspira...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

El fin del Carajo y el comienzo de mi Libertad

Érase una vez una hormiga de metro y medio que vagaba por el colegio en búsqueda de su propia identidad. Pero no encontró más que la misma pared de todos los años. Pareciera que su karma la perseguía durante toda aquella estadía. A veces se enorgullece de alejarse del mundo. Otras veces llora hasta dejar su cama como esponja. Y otras veces prefiere concentrarse en otra cosa. Quizás no debiera buscar tanto, porque no falta el que te pone el pie para hacerte tropezar o el que te ofrece un dulce y luego esconde la mano. O mejor dicho, seré yo la que esconda la cabecita como los avestruces y se olvidará del tema para luego recagarse de la risa delante del resto. De la masa. De la manga...

Y bien. Ahora la hormiga se hizo araña pollito. Y se dedicará a comer arañas de rincón que cuando pican, matan. Y matan de verdad. Me hubiera gustado que me enlodaran con pasión en lugar de hacer de este puto mundo un reino de miel sobre hojuelas. ¿De qué me sirve eso? Creo que he recibido magia negra de algunas personas. Otras me han asesinado con el olvido. O no lo sé con exactitud. Prefiero callar y mantener el puño bien apretado.

La PSU fue mi peor odisea. Se suponía que la utopía de CEPECH me dejaría bien parada, pero resulta que ni yo misma fui capaz de sostenerme en ese mundo de Alicia y sus jodidas maravillas. Aunque creo que sin ello me habría dado un año sabático. Que en este caso habría sido lo mejor. El asunto es que mi vocación es otra (es cosa de leer todo lo escrito: un paciente jamás aceptaría mi excentricismo y mi ostracismo)... una vocación que decidí reprimir para que no me jodieran más. Y sinceramente revirtió en mi contra: a lo mejor si hubiese estado más convencida (no AUTOconvencida) de lo que quiero hacer en mi futuro, no habría tropezado olímpicamente en la prueba de Lenguaje, en donde se supone que me tenía que haber ido bien y en donde debía inflar el pecho hasta siliconarme de orgullo.

Pero ahora he superado (o al menos lo intento) todos estos malos ratos pasados. Egresé de la Media tal cual como entré: con las manos medio llenas, medio vacías. ¿Por qué? Porque por genética soy un ser antisocial, un ser huraño y desagradable, que habla puras weas, que intenta ser amable y cortés con las niñas de su edad, cuando en realidad me cuesta aceptar que una mina se me ponga por delante y me diga lo que soy. De hecho, en el sexo masculino encuentro más cosas en común, aunque sin perder mi esencia de mujer-pendeja.

Pues bien, no me resta más que decir que me siento l-i-b-r-e después de enfrentar todo lo enfrentado. Ahora solo queda mi fiesta de graduación (lo pienso y mi colon malherido por la guerra se retuerce en su camilla), en donde se supone que tendré que lucirme. O peor aún, tendré que esbozar una sonrisa y sacar título profesional express de mala actriz.

[En fin, ya me he descargado. Supieran lo aliviada que estoy...].