Aquí estoy, en la casa de mi pololo, escuchando un partido del Inter versus el Torino, mientras él cocina cazuela y carne al horno y yo echo a volar mi imaginación. Son las dos con dieciocho minutos. Hace una semana exactamente creía que estaba bien preparada para dar la PSU sin necesidad de tropezar en el camino y recordando las instrucciones de mis profes de San Preu. Ha pasado una semana y, sinceramente, siento como si caminara por la cuerda floja.
Me he planteado la posibilidad de trabajar en Enero. Verán: todo estaba "casi" listo para ir a Escuela de Verano de Psicología en la Chile. Y si no fuera por el "casi", estaría becada y feliz caminando por los patios de Gómez Millas y yéndome en la misma micro que me servía para ir a San Preu. Hasta que llegó la crisis antes dicha... No me dieron la beca, mi vocación sucumbió y ahora no tengo nada que hacer durante la mitad del verano. En otras palabras, tendré que hacer mejor empleo de mi tiempo.
Tengo un título técnico y las ganas de estar en cualquier parte, menos en mi casa. Porque para estar en mi casa hay que pegarse un tiro y solicitar a San Pedro que, en lugar de bajar directamente al infierno, tocar el 016 y la campana verde.
Así que, mientras mi pololo me regalonea con un masaje, trato de pensar en qué trabajaré. Si haré empleo de mis dedos sedientos de letras, o simplemente vencer mi ostracismo autoinferido y servir de vendedora (o toyera, o posera, o nada).
[Cada vez que escribo en este blog no sé por qué me siento mucho mejor...].
Hay olor a comida rica. A lo mejor eso me inspira...
domingo, 9 de diciembre de 2007
miércoles, 5 de diciembre de 2007
El fin del Carajo y el comienzo de mi Libertad
Érase una vez una hormiga de metro y medio que vagaba por el colegio en búsqueda de su propia identidad. Pero no encontró más que la misma pared de todos los años. Pareciera que su karma la perseguía durante toda aquella estadía. A veces se enorgullece de alejarse del mundo. Otras veces llora hasta dejar su cama como esponja. Y otras veces prefiere concentrarse en otra cosa. Quizás no debiera buscar tanto, porque no falta el que te pone el pie para hacerte tropezar o el que te ofrece un dulce y luego esconde la mano. O mejor dicho, seré yo la que esconda la cabecita como los avestruces y se olvidará del tema para luego recagarse de la risa delante del resto. De la masa. De la manga...
Y bien. Ahora la hormiga se hizo araña pollito. Y se dedicará a comer arañas de rincón que cuando pican, matan. Y matan de verdad. Me hubiera gustado que me enlodaran con pasión en lugar de hacer de este puto mundo un reino de miel sobre hojuelas. ¿De qué me sirve eso? Creo que he recibido magia negra de algunas personas. Otras me han asesinado con el olvido. O no lo sé con exactitud. Prefiero callar y mantener el puño bien apretado.
La PSU fue mi peor odisea. Se suponía que la utopía de CEPECH me dejaría bien parada, pero resulta que ni yo misma fui capaz de sostenerme en ese mundo de Alicia y sus jodidas maravillas. Aunque creo que sin ello me habría dado un año sabático. Que en este caso habría sido lo mejor. El asunto es que mi vocación es otra (es cosa de leer todo lo escrito: un paciente jamás aceptaría mi excentricismo y mi ostracismo)... una vocación que decidí reprimir para que no me jodieran más. Y sinceramente revirtió en mi contra: a lo mejor si hubiese estado más convencida (no AUTOconvencida) de lo que quiero hacer en mi futuro, no habría tropezado olímpicamente en la prueba de Lenguaje, en donde se supone que me tenía que haber ido bien y en donde debía inflar el pecho hasta siliconarme de orgullo.
Pero ahora he superado (o al menos lo intento) todos estos malos ratos pasados. Egresé de la Media tal cual como entré: con las manos medio llenas, medio vacías. ¿Por qué? Porque por genética soy un ser antisocial, un ser huraño y desagradable, que habla puras weas, que intenta ser amable y cortés con las niñas de su edad, cuando en realidad me cuesta aceptar que una mina se me ponga por delante y me diga lo que soy. De hecho, en el sexo masculino encuentro más cosas en común, aunque sin perder mi esencia de mujer-pendeja.
Pues bien, no me resta más que decir que me siento l-i-b-r-e después de enfrentar todo lo enfrentado. Ahora solo queda mi fiesta de graduación (lo pienso y mi colon malherido por la guerra se retuerce en su camilla), en donde se supone que tendré que lucirme. O peor aún, tendré que esbozar una sonrisa y sacar título profesional express de mala actriz.
[En fin, ya me he descargado. Supieran lo aliviada que estoy...].
Y bien. Ahora la hormiga se hizo araña pollito. Y se dedicará a comer arañas de rincón que cuando pican, matan. Y matan de verdad. Me hubiera gustado que me enlodaran con pasión en lugar de hacer de este puto mundo un reino de miel sobre hojuelas. ¿De qué me sirve eso? Creo que he recibido magia negra de algunas personas. Otras me han asesinado con el olvido. O no lo sé con exactitud. Prefiero callar y mantener el puño bien apretado.
La PSU fue mi peor odisea. Se suponía que la utopía de CEPECH me dejaría bien parada, pero resulta que ni yo misma fui capaz de sostenerme en ese mundo de Alicia y sus jodidas maravillas. Aunque creo que sin ello me habría dado un año sabático. Que en este caso habría sido lo mejor. El asunto es que mi vocación es otra (es cosa de leer todo lo escrito: un paciente jamás aceptaría mi excentricismo y mi ostracismo)... una vocación que decidí reprimir para que no me jodieran más. Y sinceramente revirtió en mi contra: a lo mejor si hubiese estado más convencida (no AUTOconvencida) de lo que quiero hacer en mi futuro, no habría tropezado olímpicamente en la prueba de Lenguaje, en donde se supone que me tenía que haber ido bien y en donde debía inflar el pecho hasta siliconarme de orgullo.
Pero ahora he superado (o al menos lo intento) todos estos malos ratos pasados. Egresé de la Media tal cual como entré: con las manos medio llenas, medio vacías. ¿Por qué? Porque por genética soy un ser antisocial, un ser huraño y desagradable, que habla puras weas, que intenta ser amable y cortés con las niñas de su edad, cuando en realidad me cuesta aceptar que una mina se me ponga por delante y me diga lo que soy. De hecho, en el sexo masculino encuentro más cosas en común, aunque sin perder mi esencia de mujer-pendeja.
Pues bien, no me resta más que decir que me siento l-i-b-r-e después de enfrentar todo lo enfrentado. Ahora solo queda mi fiesta de graduación (lo pienso y mi colon malherido por la guerra se retuerce en su camilla), en donde se supone que tendré que lucirme. O peor aún, tendré que esbozar una sonrisa y sacar título profesional express de mala actriz.
[En fin, ya me he descargado. Supieran lo aliviada que estoy...].
jueves, 22 de noviembre de 2007
El Último Respiro antes del Final (o "Las chicas grandes no lloran").
Trataré de ordenar las ideas antes de que el sueño me las desordene. Porque estoy nerviosa, porque trato de estar tranquila, porque trato de no tropezar y de no caer, porque estoy recién quitándome el babero, porque no soy tan fuerte como me ven...
Trato de no parecer tan vulnerable, a ver si me patean por la espalda y me apuñalan en silencio. A ver si intento de una vez por todas no parecer tan antisocial y vagar por la vida sin necesidad de rogar compañía. A ver si agluien es lo suficientemente valiente como para ver mi rostro y saber quien soy. A ver si enderezo mi personalidad de una vez por todas para que no me miren con ojos raros si digo que quiero ser psicóloga...
Porque trato de parecer valiente, cuando en realidad me escondo como los avestruces. Entonces saco mi espada para combatir en contra de los demonios y resulta que mi espada se hace polvo. Luego, miro mi cuerpo y una cola de flecha se asoma para terminar de ahorcarme...
Así estoy, gallarda y sonriente, escuchando música y hablando por messenger. Me queda una semana y media para la PSU. Se supone que estoy tranquila. Se supone que no debería estar preocupada. Se supone que estoy pasando por un momento biológico medio difícil... Entonces quisiera que alguien diera todo por mí, que me ayudara a seguir. Y el sol de primavera sale y me encuentro con él, y lo abrazo...
Ya pasó lo peor.
Sólo le pido a Dios que me dé las fuerzas para sobrevivir lo que me está quedando de este año.
Y del próximo también, porque lo voy a necesitar...
... and big girls don't cry...
Trato de no parecer tan vulnerable, a ver si me patean por la espalda y me apuñalan en silencio. A ver si intento de una vez por todas no parecer tan antisocial y vagar por la vida sin necesidad de rogar compañía. A ver si agluien es lo suficientemente valiente como para ver mi rostro y saber quien soy. A ver si enderezo mi personalidad de una vez por todas para que no me miren con ojos raros si digo que quiero ser psicóloga...
Porque trato de parecer valiente, cuando en realidad me escondo como los avestruces. Entonces saco mi espada para combatir en contra de los demonios y resulta que mi espada se hace polvo. Luego, miro mi cuerpo y una cola de flecha se asoma para terminar de ahorcarme...
Así estoy, gallarda y sonriente, escuchando música y hablando por messenger. Me queda una semana y media para la PSU. Se supone que estoy tranquila. Se supone que no debería estar preocupada. Se supone que estoy pasando por un momento biológico medio difícil... Entonces quisiera que alguien diera todo por mí, que me ayudara a seguir. Y el sol de primavera sale y me encuentro con él, y lo abrazo...
Ya pasó lo peor.
Sólo le pido a Dios que me dé las fuerzas para sobrevivir lo que me está quedando de este año.
Y del próximo también, porque lo voy a necesitar...
... and big girls don't cry...
martes, 6 de noviembre de 2007
La Cárcel de Jabón
Dícese del adolescente que se encuentra temporalmente encerrado en una burbuja. Pues bien, véanme aquí, tratando de buscar oxígeno en mis axilas porque ya no queda mucho en el ambiente. Resulta ser que tengo 18 años y no he ocupado el carnet, ni siquiera para comprar cigarrillos (contextualizo: fumo a menudo), ni para satisfacer mi hambre de exudar ritmos en una pista de baile. Creo que este año sólo me servirá para decir presente en el día de la PSU. Esto me tiene bastante decepcionada, puesto que sigo pensando como una pendeja agrandada que revolotea por su casa, tropezando con facsímiles que mi mamá se ha encargado de dejar a la vista para recordarme lo poco que queda para dar la PSU, cagadera estudiantil que nos define el futuro (si "ése" fuera su objetivo realmente, soy escéptica ante la burocracia).
El asunto es que estoy deprimida. He tratado de clamar por ayuda, pero no tengo teléfono. Busco consejo, pero aún así me siento presionada, aunque tenga la certeza de que me irá bien en la prueba y que quedaré en la universidad que quiero. Mi único consuelo ha sido posar mi humanidad en los brazos de mi pololo para descansar y sentir una libertad no experimentada antes. Una libertad tan bella y joven, que si me dicen que el joven carretea, este amor es el único carrete que conozco. Y no lo es.
Para minimizar mis temores, he recurrido a la música y a los naipes, como método para concentrarme y pensar más fluidamente. De hecho, tengo la costumbre de hablar sola (escritora seré, pero no tengo diario de vida, y no quiero someter a mi mamá a una verborrea desagradable) mientras juego Carta Blanca o Solitario Spider. Cuando estoy muy nerviosa y no doy más, juego Pacman o algún otro juego del emulador de Atari o Super Nintendo. A veces me da por tocar guitarra, pero sólo me salen acordes feos y desganados, o un vacío mental de querer poner en canción todas mis exageradas frustraciones, que sólo terminan en una hoja de cuaderno suelta. El otro día, cuando ocurrió un hecho que repercutió en mi verbo corazón, decidí escribir una bonita canción. Pero mi inspiración se redujo a una hoja en blanco esperando que posara mi mano con el lápiz...
Lo que representa la espera en un papel... ¿Cómo será en mi caso? ¿O en el del lector que se atreva a derramar su ocio leyendo líneas curvas?
Se vienen momentos difíciles, como siempre le escribí a mi pololo en su agenda en esas mil dedicatorias. Mi burbuja se agita considerablemente y una mancha negra invade el techo, tapando el sol que amo con todo mi ser. La burbuja se pudre y queda muy poco tiempo para reventarla y estallar junto con los miles de pájaros que me harán volar hacia una nueva vida.
Espero que esa vida sea la universitaria que más ansío... que yo ansío.
El asunto es que estoy deprimida. He tratado de clamar por ayuda, pero no tengo teléfono. Busco consejo, pero aún así me siento presionada, aunque tenga la certeza de que me irá bien en la prueba y que quedaré en la universidad que quiero. Mi único consuelo ha sido posar mi humanidad en los brazos de mi pololo para descansar y sentir una libertad no experimentada antes. Una libertad tan bella y joven, que si me dicen que el joven carretea, este amor es el único carrete que conozco. Y no lo es.
Para minimizar mis temores, he recurrido a la música y a los naipes, como método para concentrarme y pensar más fluidamente. De hecho, tengo la costumbre de hablar sola (escritora seré, pero no tengo diario de vida, y no quiero someter a mi mamá a una verborrea desagradable) mientras juego Carta Blanca o Solitario Spider. Cuando estoy muy nerviosa y no doy más, juego Pacman o algún otro juego del emulador de Atari o Super Nintendo. A veces me da por tocar guitarra, pero sólo me salen acordes feos y desganados, o un vacío mental de querer poner en canción todas mis exageradas frustraciones, que sólo terminan en una hoja de cuaderno suelta. El otro día, cuando ocurrió un hecho que repercutió en mi verbo corazón, decidí escribir una bonita canción. Pero mi inspiración se redujo a una hoja en blanco esperando que posara mi mano con el lápiz...
Lo que representa la espera en un papel... ¿Cómo será en mi caso? ¿O en el del lector que se atreva a derramar su ocio leyendo líneas curvas?
Se vienen momentos difíciles, como siempre le escribí a mi pololo en su agenda en esas mil dedicatorias. Mi burbuja se agita considerablemente y una mancha negra invade el techo, tapando el sol que amo con todo mi ser. La burbuja se pudre y queda muy poco tiempo para reventarla y estallar junto con los miles de pájaros que me harán volar hacia una nueva vida.
Espero que esa vida sea la universitaria que más ansío... que yo ansío.
lunes, 17 de septiembre de 2007
Verborrea dieciochera (la bilis se vende por separado ¬¬).
La una con veintiún minutos... ¿qué se puede escribir a esta hora?
La bilis ahora humecta esos pedazos de asado que traté de comer con la parsimonia convalesciente de mi pobre colon adolescente. Muchos pensarán que exagero. Pues no. Damnificada de Dieciocho, diría yo.
Decidí asear este blog porque ya no vale la pena seguir conservando palabras tristes llenas de telarañas, dirigidas a un mente de gónada montado en dos patas (si es que no en cuatro) que se las metió por un ojo y le salió por el otro, si es que se tomó la molestia de leer... o si es que sabe leer.
En fin, no ahondaré en estupideces humanas... (ni que yo fuera marciana xD... Aunque creo que sí lo soy xD).
Repasemos. Hoy, 18 de Septiembre, día de la instauración de la Primera Junta Nacional de Gobierno, atisbo parcial de lo que sería el cacareo politiquero de nuestro tricolor país (JA, aburrida de leer tanta lesera y barrabasada en los diarios y noticias en la tele T_T). Hoy, 18 de Septiembre, día obligado de etílico placer y zapateo digno de los señores Richter y Mercalli. Día de chicha en cacho (el cual se prolonga hasta la parada militar), día de cadenas nacionales (inclúyase el 19, Parada Militar), día autorizado para escuchar cuecas sin necesidad de hacerle caso al público que clama por los éxitos con tintes europeos y aires norteamericanos. Está bien que estemos globalizados. Pero, ¿hasta en Fiestas Patrias? Que yo sepa el perreo no está postulando a baile nacional... ¿o sí?
Detrás mío yacen las botellas de vino consumidas por mi familia y por los amigos de mi tío, quienes entre guitarras, memoria a largo plazo, buen oído y cánticos memorables rescatamos lo poco que nos queda. Algunas botellas están sin abrir. Esperarán hasta el momento de ser abiertas y con sus aromas de madera y fruta borracha como quien les escribe (mi borrachera, por si acaso, es de puro tuto) invite a un placer etílico sin fin.
[Pasad las llaves... ¿para qué matarse por dos copas? ¬¬].
Hoy, 18 de septiembre, alguien está de cumpleaños. No creo que lea este blog porque ahora nunca lee lo que le escribo a veces. Amaría decirle un par de verdades tiernas y que lo pase bien en sus 17 años... Pero ni yo sé si lo volveré a ver. Siempre escapa...
Hoy, 18 de septiembre, en El Quisco, a esta hora, mi pololo debe estar roncando al ritmo de las olas, soñando quizás con estos dedos que teclean en sopor. Quizás lo pasó bien el día de ayer (17), lo que sería grandioso, porque Dios si escucha, ¿o no? Sí, si escucha. Cuidará de él. Ahora debe dormir un poco sobresaltado, o con el cansacio de un día casi largo creo que seguirá durmiendo largo y tendido. Tampoco creo que lea esto, porque no tiene acceso a la red. Pero apenas esté acá en Santiago, lo regalonearé como nunca...
Hoy, 18 de septiembre, reabro este blog, con la esperanza de reconstruir el don mal cuidado de escribir.
Hoy, 18 de septiembre, con su Viva Chile Mierda y blah...
... la sonrisa ancha, como cantaba Victor Jara.
La bilis ahora humecta esos pedazos de asado que traté de comer con la parsimonia convalesciente de mi pobre colon adolescente. Muchos pensarán que exagero. Pues no. Damnificada de Dieciocho, diría yo.
Decidí asear este blog porque ya no vale la pena seguir conservando palabras tristes llenas de telarañas, dirigidas a un mente de gónada montado en dos patas (si es que no en cuatro) que se las metió por un ojo y le salió por el otro, si es que se tomó la molestia de leer... o si es que sabe leer.
En fin, no ahondaré en estupideces humanas... (ni que yo fuera marciana xD... Aunque creo que sí lo soy xD).
Repasemos. Hoy, 18 de Septiembre, día de la instauración de la Primera Junta Nacional de Gobierno, atisbo parcial de lo que sería el cacareo politiquero de nuestro tricolor país (JA, aburrida de leer tanta lesera y barrabasada en los diarios y noticias en la tele T_T). Hoy, 18 de Septiembre, día obligado de etílico placer y zapateo digno de los señores Richter y Mercalli. Día de chicha en cacho (el cual se prolonga hasta la parada militar), día de cadenas nacionales (inclúyase el 19, Parada Militar), día autorizado para escuchar cuecas sin necesidad de hacerle caso al público que clama por los éxitos con tintes europeos y aires norteamericanos. Está bien que estemos globalizados. Pero, ¿hasta en Fiestas Patrias? Que yo sepa el perreo no está postulando a baile nacional... ¿o sí?
Detrás mío yacen las botellas de vino consumidas por mi familia y por los amigos de mi tío, quienes entre guitarras, memoria a largo plazo, buen oído y cánticos memorables rescatamos lo poco que nos queda. Algunas botellas están sin abrir. Esperarán hasta el momento de ser abiertas y con sus aromas de madera y fruta borracha como quien les escribe (mi borrachera, por si acaso, es de puro tuto) invite a un placer etílico sin fin.
[Pasad las llaves... ¿para qué matarse por dos copas? ¬¬].
Hoy, 18 de septiembre, alguien está de cumpleaños. No creo que lea este blog porque ahora nunca lee lo que le escribo a veces. Amaría decirle un par de verdades tiernas y que lo pase bien en sus 17 años... Pero ni yo sé si lo volveré a ver. Siempre escapa...
Hoy, 18 de septiembre, en El Quisco, a esta hora, mi pololo debe estar roncando al ritmo de las olas, soñando quizás con estos dedos que teclean en sopor. Quizás lo pasó bien el día de ayer (17), lo que sería grandioso, porque Dios si escucha, ¿o no? Sí, si escucha. Cuidará de él. Ahora debe dormir un poco sobresaltado, o con el cansacio de un día casi largo creo que seguirá durmiendo largo y tendido. Tampoco creo que lea esto, porque no tiene acceso a la red. Pero apenas esté acá en Santiago, lo regalonearé como nunca...
Hoy, 18 de septiembre, reabro este blog, con la esperanza de reconstruir el don mal cuidado de escribir.
Hoy, 18 de septiembre, con su Viva Chile Mierda y blah...
... la sonrisa ancha, como cantaba Victor Jara.
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