Trataré de ordenar las ideas antes de que el sueño me las desordene. Porque estoy nerviosa, porque trato de estar tranquila, porque trato de no tropezar y de no caer, porque estoy recién quitándome el babero, porque no soy tan fuerte como me ven...
Trato de no parecer tan vulnerable, a ver si me patean por la espalda y me apuñalan en silencio. A ver si intento de una vez por todas no parecer tan antisocial y vagar por la vida sin necesidad de rogar compañía. A ver si agluien es lo suficientemente valiente como para ver mi rostro y saber quien soy. A ver si enderezo mi personalidad de una vez por todas para que no me miren con ojos raros si digo que quiero ser psicóloga...
Porque trato de parecer valiente, cuando en realidad me escondo como los avestruces. Entonces saco mi espada para combatir en contra de los demonios y resulta que mi espada se hace polvo. Luego, miro mi cuerpo y una cola de flecha se asoma para terminar de ahorcarme...
Así estoy, gallarda y sonriente, escuchando música y hablando por messenger. Me queda una semana y media para la PSU. Se supone que estoy tranquila. Se supone que no debería estar preocupada. Se supone que estoy pasando por un momento biológico medio difícil... Entonces quisiera que alguien diera todo por mí, que me ayudara a seguir. Y el sol de primavera sale y me encuentro con él, y lo abrazo...
Ya pasó lo peor.
Sólo le pido a Dios que me dé las fuerzas para sobrevivir lo que me está quedando de este año.
Y del próximo también, porque lo voy a necesitar...
... and big girls don't cry...
jueves, 22 de noviembre de 2007
martes, 6 de noviembre de 2007
La Cárcel de Jabón
Dícese del adolescente que se encuentra temporalmente encerrado en una burbuja. Pues bien, véanme aquí, tratando de buscar oxígeno en mis axilas porque ya no queda mucho en el ambiente. Resulta ser que tengo 18 años y no he ocupado el carnet, ni siquiera para comprar cigarrillos (contextualizo: fumo a menudo), ni para satisfacer mi hambre de exudar ritmos en una pista de baile. Creo que este año sólo me servirá para decir presente en el día de la PSU. Esto me tiene bastante decepcionada, puesto que sigo pensando como una pendeja agrandada que revolotea por su casa, tropezando con facsímiles que mi mamá se ha encargado de dejar a la vista para recordarme lo poco que queda para dar la PSU, cagadera estudiantil que nos define el futuro (si "ése" fuera su objetivo realmente, soy escéptica ante la burocracia).
El asunto es que estoy deprimida. He tratado de clamar por ayuda, pero no tengo teléfono. Busco consejo, pero aún así me siento presionada, aunque tenga la certeza de que me irá bien en la prueba y que quedaré en la universidad que quiero. Mi único consuelo ha sido posar mi humanidad en los brazos de mi pololo para descansar y sentir una libertad no experimentada antes. Una libertad tan bella y joven, que si me dicen que el joven carretea, este amor es el único carrete que conozco. Y no lo es.
Para minimizar mis temores, he recurrido a la música y a los naipes, como método para concentrarme y pensar más fluidamente. De hecho, tengo la costumbre de hablar sola (escritora seré, pero no tengo diario de vida, y no quiero someter a mi mamá a una verborrea desagradable) mientras juego Carta Blanca o Solitario Spider. Cuando estoy muy nerviosa y no doy más, juego Pacman o algún otro juego del emulador de Atari o Super Nintendo. A veces me da por tocar guitarra, pero sólo me salen acordes feos y desganados, o un vacío mental de querer poner en canción todas mis exageradas frustraciones, que sólo terminan en una hoja de cuaderno suelta. El otro día, cuando ocurrió un hecho que repercutió en mi verbo corazón, decidí escribir una bonita canción. Pero mi inspiración se redujo a una hoja en blanco esperando que posara mi mano con el lápiz...
Lo que representa la espera en un papel... ¿Cómo será en mi caso? ¿O en el del lector que se atreva a derramar su ocio leyendo líneas curvas?
Se vienen momentos difíciles, como siempre le escribí a mi pololo en su agenda en esas mil dedicatorias. Mi burbuja se agita considerablemente y una mancha negra invade el techo, tapando el sol que amo con todo mi ser. La burbuja se pudre y queda muy poco tiempo para reventarla y estallar junto con los miles de pájaros que me harán volar hacia una nueva vida.
Espero que esa vida sea la universitaria que más ansío... que yo ansío.
El asunto es que estoy deprimida. He tratado de clamar por ayuda, pero no tengo teléfono. Busco consejo, pero aún así me siento presionada, aunque tenga la certeza de que me irá bien en la prueba y que quedaré en la universidad que quiero. Mi único consuelo ha sido posar mi humanidad en los brazos de mi pololo para descansar y sentir una libertad no experimentada antes. Una libertad tan bella y joven, que si me dicen que el joven carretea, este amor es el único carrete que conozco. Y no lo es.
Para minimizar mis temores, he recurrido a la música y a los naipes, como método para concentrarme y pensar más fluidamente. De hecho, tengo la costumbre de hablar sola (escritora seré, pero no tengo diario de vida, y no quiero someter a mi mamá a una verborrea desagradable) mientras juego Carta Blanca o Solitario Spider. Cuando estoy muy nerviosa y no doy más, juego Pacman o algún otro juego del emulador de Atari o Super Nintendo. A veces me da por tocar guitarra, pero sólo me salen acordes feos y desganados, o un vacío mental de querer poner en canción todas mis exageradas frustraciones, que sólo terminan en una hoja de cuaderno suelta. El otro día, cuando ocurrió un hecho que repercutió en mi verbo corazón, decidí escribir una bonita canción. Pero mi inspiración se redujo a una hoja en blanco esperando que posara mi mano con el lápiz...
Lo que representa la espera en un papel... ¿Cómo será en mi caso? ¿O en el del lector que se atreva a derramar su ocio leyendo líneas curvas?
Se vienen momentos difíciles, como siempre le escribí a mi pololo en su agenda en esas mil dedicatorias. Mi burbuja se agita considerablemente y una mancha negra invade el techo, tapando el sol que amo con todo mi ser. La burbuja se pudre y queda muy poco tiempo para reventarla y estallar junto con los miles de pájaros que me harán volar hacia una nueva vida.
Espero que esa vida sea la universitaria que más ansío... que yo ansío.
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